La bicicleta, instrumento del feminismo a finales del siglo XIX

Cara_bicicleta

Hoy inauguramos una nueva sección “Historias de la bicicleta” donde vamos a explicar momentos importantes, curiosos y divertidos de sus 325 años de historia. (Sus inicios se remontan al 1690 por el francés, el Conde Mede de Sivrac, aunque hay sus dudas).

Nos remontamos a principios del siglo XIX en la Europa posrevolucionaria y burguesa dónde la bicicleta dio un paso de gigante dentro de la sociedad. Primero fue apenas un entretenimiento para adinerados, aunque pronto se extendió al resto de capas sociales y de países. En apenas cien años, la bici vivió un auge inaudito.

Una de las curiosidades, y que muchos no saben, paso durante la última década del siglo  XIX cuando la bicicleta se convirtió en un instrumento del feminismo. La posibilidad de las mujeres de moverse libremente por las ciudades más allá de sus hogares, fue el inicio de una transformación que ayudaron a avivar el movimiento de la reforma de la vestimenta femenina. La sumisa ama de casa o burguesa adinerada rompía con las normas de la época, dejaba de un lado las restricciones victorianas para utilizar prendas que les permitieran participar en actividades físicas. Las mujeres fueron liberándose de los corsés y las faldas hasta los tobillos y se sustituyeron por los rompedores pantalones bombachos. “Para los hombres, la bicicleta en sus comienzos era un mero juguete, pero para las mujeres, se trataba de un corcel con el que poder cabalgar hacia un nuevo mundo”, relataba la revista Munsey en el 1896.

Pero muchos hombres de la época no vieron con muy buenos ojos la independencia que la bicicleta estaba otorgando a las mujeres, tanto a nivel de movilidad como de pensamiento. De modo que algunos médicos, aquí viene lo curioso, empezaron a hablar de los perjuicios de la bicicleta para disuadir el “boom” del ciclismo femenino. Y que mejor manera, que inventarse el mal llamado “cara de bicicleta” la cara que se te quedaba por andar en bicicleta. Hoy en día suena a chiste, y cualquier usuario sabe que todo esfuerzo a sus inicios se hace duro físicamente y pueden aparecer los síntomas de la famosa “cara bicicleta” que os contamos más abajo, pero en aquella época, la incultura y desconocimiento ayudaron a sembrar la duda y el pánico. Lo médicos aseguraban que era una enfermedad que afectaba a quienes hicieran uso  de la bicicleta para desplazarse, pero especialmente a las mujeres. Los primeros síntomas que describían eran un rostro enrojecido, labios demacrados, ojeras, ojos saltones, mandíbula apretada, rostro de cansancio...y además de “cara de bicicleta”, quienes montasen en bici también podían padecer insomnio, palpitaciones, dolores de cabeza, fatiga, depresión e incluso tuberculosis. Esas eran las consecuencias a las que se enfrentaban las mujeres, lo opuesto a la tierna y adorable mirada que los hombres esperaban de una mujer a finales del siglo XIX.

Sin embargo, a medida que pasaba el tiempo, algunas valientes e incrédulas con las malas predicciones, se dieron cuenta que el uso diario de la bicicleta hacía disminuir los síntomas que se describían ya que con la práctica aumentaba la resistencia, la confianza y la agilidad. Fue luego cuando muchos médicos empezaron a cuestionar públicamente esta enfermedad ficticia e informaron de los beneficios del ciclismo. Como no podía ser de otra manera, la invención de la “cara de bicicleta” fue cayendo por su propio peso.

Esta web utiliza cookies. Si continuas navegando este sitio acceptas el uso de dichas cookies. Más Información